HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Ya empieza a quitarse el abrigo y las botas, la noche.
Tú estás del todo desaparecido en la raja de la tramontana. Y yo no puedo meter mi ojo por la cerradura. Pagué al diablo por tener noticias tuyas, pero sólo me las envió la muerte y el olvido. Ya no sé a qué saben los arándanos en tus cajones, ni el vino en la vagina de tus puertos. Y aunque quiera imaginarlo, me falta tu poesía para poder saborearlo en la medianoche del jazz.
Ya ni siquiera mi cementerio de recuerdos puede dibujar tu rostro, el que yo amé, ni tu voz, ni mi ansia de amanita en tu guitarra, ni las estrellas cabalgando sobre tus piernas, ni el fondo de la oscuridad escribiendo ojos de buey en libros añejos de tus héroes clandestinos.
Y ni siquiera en las cloacas de mi corazón sigue intacto el sueño que bailaba al amarte. No puedo volver allí. Tengo que seguir mis venados y mis desiertos. Tengo que seguir marchándome, porque en las otras rutas no hay vida, ni la mar me reconoce ni me sujeta.

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