HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Ya ha salido el sol por la montaña. Vuelve el amor, el que no conoce el fin de un nombre ni su comienzo. El que nunca ha tenido un cuerpo entre sus dedos. Ni ha endeudado cantos de luna por lo asible.
Ese amor de hierbas y de charcos. El de los caracoles y las nubes. El que es ateo y es místico de una extensión de vaho.
Ausente de los hombres, encharcado del horizonte selvático de las palabras cuando no sirven.
Son tantas las nostalgias que se desprenden de todo territorio y alfabeto y se hacen mutación de mariposa en la urdimbre de tus ojos dentro de la mar.
El camino del desapego, de la enamorada escasez, templo del nihilismo borboteándose en las espinas de las zarzas mordidas por la escarcha cuando se derrite y abraza el quebranto de tu casa abandonada.

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