HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Ya ha subido el sol la montaña. Entra en la galería. La casa huele a desastre y abandono. A suciedad amotinada en las rendijas de las puertas, sin aquellos vestidos de trapo, abrazándose a las tortugas que envolvían el tictac con peyote y noche de brujas. La soledad es como el acorazado Potemkin en el doblar de las campanas de los iceberg. Ahuyentando el murmuro de las mariposas en los gritos de la tierra removida.
Estoy atravesando el magnetismo de la sombra en el alcohol que borra tus diarios. Tengo que hallar el verbo que se oculta debajo de mis heridas. Tengo que abrir la conciencia en la tráquea del espanto que bebe de mis ojos las lágrimas y va a secarlas a una hoz abandonada en un granero destartalado.

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