HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

A veces tengo una profunda sensación de irrealidad. De mí misma, de la hechura, de la supuesta verdad de mis ojos, de mi ausencia, de mi degradación de lo sido y de lo muerto. A veces empiezo a sentir una vuelta de campana en mi entraña. Como el viaje del estramonio, cuando empieza a hacer efecto, lo hace con un disparo de éter, y sube muy rápido, tarda una hora o dos antes, pero en su frontera, regurgita la ley de la gravedad y la mano en la mano del pozo y del aire, en un segunndo. Tengo un profundo sentimiento de desrrealización social y humana, pero es algo del todo lógico, cuando todas mis relaciones sociales son puro teatro... y la página carnívora toma sus desechos y sus latidos, y embriaga un mundo distante y literario. Mis sentimientos son los del borracho que vuelve entre la lluvia y no tiene ni puta idea de cómo se vuelve, pero sigue obtinado y flotante. Son los de la tarotista que sabe que la astrología es un timo, pero ve monos y peyote en los ojos de sus clientes. Mis sentimientos son los de una historia verdadera que se quedó grabada en la puta ficción y ya no sabe escapar ni distinguir a las merinas. Este nihilismo del laberinto del Fauno, me volvería loca, sino hubiera sido porque ya me volvió loca hace diez años.

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