HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Ahora cierto vaciamiento... exiliar de los balcones tus ojos empañados, asaltar los escenarios con telones sin fondo precarios de tu vino, arañando en mi soledad, otra voz distante con la que quemar despedidas en el interior del trigo.
No sé quién soy, y creo que eso es importante para estar más cerca. Siento muchos rostros en el azúcar quemada del asfalto tomando tus dedos y tocando esa canción donde los dos hemos sido desaparecidos.
No sé si me transformo por lo que dejan abierto en mí las metáforas, o soy yo la que las despojo de lo que en mí hizo pistola y pared. No sé si mi identidad se pone en fuga de éter por la abrasión del abstracto y el cubismo de la palabra, o es el éter el que la hace a ella nacer y se solidifica en mi ilegibilidad.

Tal vez escribir, es engañar al fango, tratar de hacer heroicas las ruinas. Y soliviantar un ideal, aunque sea el ideal sucio. Y en algún lugar de su fuera de campo, me vivo como el monstruo y como el chivo expiatorio. Tal vez la escritura no pueda desnudarse ante los sanatorios de la noche.  Porque detrás no estoy yo, porque detrás sólo soy yo. Y ella lo sabe, con su nido de setas.  Y hay también el alter-ego entre los basureros,  y su canto de adiestramiento de ratas y sus mentiras piadosas, con lo imperdonable. Pero dejan sumidero. Nunca se escapa. Y ellas me atormentan, porque en la ciudad de los espejos,   llevan mi cadáver envuelto de anguilas y de rosas y quieren su venganza o su olvido.

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