HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Ahora el silencio... he comido unos macarrones, he tomado un café.. y ahora estoy bebiendo un poco de cerveza. Estoy en paz con la ausencia, con la naturaleza, con la esperanza que ya no tiene rostros ni nada que la amarre a mis labios ni a la letra.
Amé mucho a Arturo. Lo amé con algo primitivo y sagrado, con el corazón de los lobos, con los yembés flotando en la calima, con la magia. Vuelvo a sentir en algún lado su perfume. Él me daba armas sobre aquellos abismos de éter. Porque era tan intenso mi amor, que no existía la muerte, ninguna derrota, ningún miedo. Pero aquél amor murió... en algún lado, enterró también una parte de mí.  Ese amor, lo utilizaba como una trampa en el abismo. Y cuando sufrí su pérdida, sentí que perdí todas aquellas batallas sobre el éter que me habían vuelto delirantemente feliz, perdí el amor a mí misma. Esto ocurrió en el 2009.
Y en el 2013 viví otro profundo desamor, el de K.  Pero yo ya no quería ofrecer mi cadáver. Yo no quería perder el poema. Yo no quería ni el luto, ni el perdón, ni el cuento, ni la quimera. Yo ya no quería depender de ningún humano, en mi sentimiento, ni  en el imposible.  Fue cuando empecé a escribir aquellas cosas de amar a la luna antes de que a un triste ser de dos patas, mortal y yonqui de su propia pobreza....., pedirle a la luna, porque ella no te lo quitará..., darle todo a lo inalcanzable y no algo nacido en la escombrosa tierra llena de cadáveres.
A los dos meses de perder a K. Apareció un hombre en mi vida. Y sentí una atracción animal, pornográfica, salvaje. Yo estaba herida. Perdí a K. y a mi abuela, con quince días de diferencia entre el uno y el otro. Quise meterlos en la misma tumba. Pero K. ni siquiera era un cadáver. Con mi abuela quedé en paz del fuego del mármol y las caracolas. Con él no. A mi abuela podía amarla muerta. A él no. Su mortuorio estaba lleno de cuchillos. Ansiaba en una parte de mí, hacerle daño,  y en otro conservarlo sobre el sueño. Durante los primeros meses del desamor, me dediqué a prostituir con mi poesía, todo lo que entre nosotros era sagrado, todos mis sentimientos, todo a lo que me juré y lo que amaba. Me entró un espiritu solitario e incendiario, vanidoso y extravagante.
Mientras seguía con la nueva relación, tan perturbante y apasionada con ese hombre.
Cuando K. volvió y leyó mis poemas. Había una herida del infierno,  pero yo seguía sintiendo una ferviente amor por él que nunca había traicionado y que seguí sintiendo hasta hace muy poco, sobre la nada.. Él me escribió una carta de amor, de un amor extasiado, aunque melancólico, pero era otra vez como quemar las naves juntos y volver a la mar. Yo le escribí ésta carta en respuesta... sin pensarla demasiado, al latido del instante. Y nunca supe qué le molestó de ésta carta que jamás volvió a escribir. La apongo aquí como un exorcismo. Porque ya no es un pasado sagrado... es una historia más del suburbio y de los manicomios y comas etílicos. Alguna vez protegí su nombre para que no se intoxicara en los oidos del circo social ni de nadie, no le hablé de él ni a mis mejores amigos, hasta que no se hizo un cadáver y yo me ponía ciega de vino. Ahora es parte de las mil y una historias del fracaso y las quimeras.

K... llevaba unas semanas sin pensarte, hasta ayer a la noche, envuelta en los hexaedros que ahora forman mis días, y empezaste como herida y persististe hasta que cayeron los cabellos de la noche, como escenarios. Soñé contigo y con la sangre de las cigüeñas, supe que era un verso que escribí ayer " y nos dimos a lo que no nos sobrevivió (porque sólo eso podía quedar) y tan alto fue el chillido que sólo nos persiguió una ficción que soportara (el retorno de nuestra voz)somos insensatos por favor de la cuerda floja y nuestra palabra dura lo que tarda en atardecer en los cuerpos muertos de las cigüeñas."
Saber que anoche me pensaste, me une a la cuántica de esa flor alienígena que rodea tu nombre. Y que bajo algún no espacio, conjura todavía los pronombres que la primera persona cava en la mar.
El 20 de marzo escribí "Sólo te espero en el destierro. Cuando estés dispuesto a cortarme las venas y a que te las corte, vestirnos con la sangre lo que no pudo hacer la fortuna, amarnos con la herida, lo que no supimos amar con nuestra historia. Basta que me llames con la cuchilla en tu bolsillo. E iré. Sin vueltas de calendario ni excusas. Y allá, si podremos entrar enteros en nuestra mar y el infinito y dejar de una puta vez la ocultación de la literatura"
Lo leyó L. Se enfrascó conmigo en una pelea y sangre de pólvora. Que me emergió una mezcla de ílicita pasión y volcanes. Quiero a L. es un salvaje. Aunque tú siempre has estado, entre mí y los ojos del cubismo. A veces entre L. Con un Léolo, llevando los abanicos de opio a las lenguas de la luna.
Te leo hoy y rotan los pliegues de los sueños, el deseo de mezclarme, entre ese humo y la lluvia y entrar a bocanadas por tu boca y alojarme entre algún agujero nuclear y el magma de los bodegones, entrar como gata, a tus sábanas de anoche y amarte con violencia, con sangre como manjar de los aullidos que invocó el desierto, con esa ternura delinquida, en navíos intactos del devenir de lo que inventamos y fue cubriéndonos, tal vez incluso empujándonos a la distancia como kafkiana pasión y maldición, de un corazón abierto a puñaladas sobre un suelo que no existía para reposarnos. Justo ahora vuelan en lo alto dos cigüeñas. Por la mañana nevó. Los bodegones crinan una noche contigo, una noche que no arrancas de mí con la suficiente posesión para que ella pueda abandonarme o agitarme tímpano de la última palabra sobre la tierra.
También lloré por Panero. Con rabia. Con un inefable aullido que cortó en mis cuerdas vocales, esos otros muertos. Sentí agitación y un extraño consuelo en saber que si él está del otro lado, la muerte ya cantará más insolentemente abierta y sencilla, porque sus vísceras harán de pértiga.
Mi vida ahora es un buzón extraño, a veces de las gitanas, a veces sólo de esa personaje, que va a morder la realidad a una uva que nunca perteneció a las vides. Me gusta jugar y extasiarme de hedonismo. De pasiones de bocajarro y fíguras geométricas irreconciliables. Tú te mantienes, a veces te me caes en el vaso de vino y caigo contigo al desfiladero de las bibliotecas, que una vez creyeron caberse en el cuerpo y tocar amor y tocar imposible. Y me pongo furiosa de una flor de sangre y me abre en el pecho un dolor que me sube por las cuerdas vocales donde te posicionas, como la fuerza de una gravedad.  A veces es sólo la noche y los vientos oscuros, la criminología y el dolor de las rosas de arena..., mi única fidelidad a ti y a la que fui y a todos los mundos qué.
Cuando me hablaste de Tuva, me volvieron todos los cuentos que una vez escuché en mis techos recitados en tu voz, calmándome el infierno y pasando ovillos como páginas que conocen el albafeto de los charcos y la tierra y no se van hasta que todo está dormido entre espigas.
El compromiso ahora me significa una especie de bolas chinas de hachís y salmos salvajes que ruedan cuando la tierra gira sobre una manzana que se digiere en el vientre mientras alondras de nieve buscan el aullido de los lobos entre los matorrales y despeñaderos.
Sueño alcobas que se rehoguen en tu melancolía y se inflamen salvajes hacia la usura y ventiscas de tu fuego. Abrazarte con mis heridas tus heridas y ensañarlas a crimen de aviones de papel y la otra cara de la luna, que nos vistan las pieles mientras nos poseemos, como dos versos tachados y te muerdo el cuello y te araño y me afilo los dientes en lo que hiciste infinito en trampas de calima, y tomo del fondo de ti, lo que no ha sabido irse y se fricciona en mis latidos vaginales apretándote dentro de mí como ese horizonte que huye, mientras  tu sudor y semen, me absuelven de la lágrima y la salvación y el destino.
Los nombres propios son de la incandescencia del rayo. El devenir y la deriva, aprietan violentamente cada amanecer. Hay que mancharse. Hay que ensuciarse hasta que los huesos escupan rayuelas. Todo es ahora y el ahora eyacula libros imposibles.
Yo tampoco sé ni sumar ni restar ni dividir. A veces absorbo la luz como los agujeros negros. Y me desvisto pieles sobre la desnudez. Y otra vez la humedad de los rizomas.

te beso K... te incertidumbre, te contra la lógica, te aquella mar, aunque bailemos borrachos en ultratumbas, te las sábanas que flotan.
y te sonrío porque no se te da escribir academia ni investigación, ni se te da llorar tecnicismos, y aunque seas arquitecto no sabes amar arquitecturas, te kyero por ello."

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