HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Ahora no tengo ni idea.
Un amor de chocolate y mecheros, separándote de la arquitectura de mi lágrima. Amando donde jamás habrá testigos y la palabra no se molestará en recoger tu semen ni tu sangre.
Diez vagabundas en el fondo de mi vaso... cantando la serenata del sol, encima de una barca vacía a la deriva.
213 muertos rompiendo las paredes.
Y mi espanto de tendré que cortarme las venas antes de abrir los ojos dentro de esa tumba.
Y mi esperanza de tendremos un navío de luna llena y no quedará vivo ningún burgués. La mar liberada nos tomará en su seno y seremos viento insolubre más allá de la atmósfera.
Mi habrá que echar rastrojos y drenar el río en la cicatriz de la ruina. Enterrar a Venus entre cadáveres de cabra y desangrar por nuestras venas el fuego y las cajas de madera que ocultan tu flor.
Mi alma gemela en la ventana de un presidio, llena de niebla, alentándome para que las dos muramos antes de que vuelvan los salmones.
Y ese lobo negro, entre mis pedazos, juntando violines, con pozos.
Mi todo y mi nada, en la pupila de la libélula que cruzó sobre nosotros cuando nos amábamos en una hierba que tragaría nuestros secretos.
Mi ya ha sido demasiado... sólo quiero, jamás volver a ningún sitio.
Mi, nunca he conocido un amor que durara más de 11 minutos y en algún sitio me espera.

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