HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Ahora una cerveza. El olor del óleo macerado en las fotografías sepias que apuñaló la lluvia en el sonido de tu piano, cuando nadie podía dormir.
Luego llevaré al perro al monte. Hay un lugar a unos 5 km que me gusta mucho.  Está desolado, hay una senda hecha para tractores y kilómetros de campo, con cardos de 3 metros, con campos de trigo y girasol, con tierra removida. La ciudad me pone triste. La ciudad roba el horizonte, las estrellas en la noche, el canto de los buhos.
Ahora es la lentitud de los huesos del batiscafo ensalivando el vocablo de tu despedida. A 100 años luz del secano de ese pentagrama en tus cicatrices de aurora cuando los ojos abiertos, son la succión de un camino transversado en el cadáver de la cigüeña.

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