HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Ahora una cerveza. El canto de la noche, escondido de los fueros donde partiste en mil pedazos el buzón que recogía el frío y la palabra. Allí. Desolado 180º sobre la punta de tu bolígrafo, esculpiendo el abandono del horizonte en llagas que el cielo acusó en esa excusa que evitó que nos hiciéramos daño. 
Luego, el hueco. Tomándote, zarandeándote donde nunca haría control el verbo, ni querría propiedad la lágrima.
Tu oficina derramada en el cuarto de baño. ¡cuánto te quiero cuando rayas en tus venas el mundo que atormentó la esperanza! Te di las migajas que coleccionó tu silencia en la cicatriz de mi espalda.

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