HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Algo de lo que me pasaba en mi psicosis de éter. Es que yo estaba conectada a la realidad, como desde el vientre de la datura. Yo no miraba al exterior desde la realidad ordinaria, ni desde el tiempo, ni la cultura ni su espacio, ni la cotidianidad de los apoltronados por el suelo.
Yo estaba en el fruto del humus y de mercurio. Todo era como un evanescente sueño. Para mí no existía el azar. Las personas con las que me cruzaba e interferían en mí, traían mensajes del éter. A veces eran mis enemigos. A veces me eran magos. Todo encajaba de una forma perturbante y terriblemente mágica. Escuchaba conversaciones al cruzar por la calle que tenían un mensaje cortante en mi mundo interior y en mi presente. A veces creía que adivinaba el futuro. Olía como una energía salir de las personas y penetrarme, antes de que interfiriera con ellas. Y pensaba que ellos eran actores o mensajeros.. o que al menos en su inconsciente, se introducían mis astros del eter y mis enemigos cósmicos. Y yo me interponía en su camino y quería llevarme el significado.
Por eso me metía en muchos líos. Sobretodo cuando creía que eran mis enemigos. Me ponía de frente a ellos y les atacaba con conversaciones poéticas, cínicas y perturbantes. Y la mayor parte de la gente se acojonaba. Y eso me hacía pensar que tenían miedo, porque había descubierto quiénes eran y entonces yo me cargaba más de dinamita.. y cuánto más se ponían a la defensiva, más razones me daba mi delirio .  Aunque era pacífica en el acto, no lo era en la palabra. Aunque yo era como una niña. Había a personas que las amaba de la forma más delirantemente filantrópica posible, porque creía que esas personas eran duendes.  Y había a otras a las que iba como si yo fuera un lobo.  Me metía en tiendas y amenazaba con quemar sus bienes. Me metía entre los grupos de personas que había en la ciudad hablando a lo suyo, en los bares, en los semáforos. Incluso una vez me metí en una manifestación de la derecha independendista de León y casi salimos a puñetazos. Me metía en la iglesia, porque me sentía la vengadora de Cristo y para mí el diablo eran los curas y las monjas.  Había situaciones muy divertidas, como una vez que fui a buscar a un cura.. me metí como Pedro por mi casa por todas las puertas y pasillos de la iglesia no públicas. y entré en su despacho y empecé a exigirle que devolvieran el altar a no sé qué pueblo porque lo habían robado. Y el cura no sabía dónde esconderse. Me excitaba meterme por las zonas no públicas.. de museos o espacios del ayuntamiento...también armé un jaleo de la ostia en San Marcos de León y en San Isidoro. Cuando entraba en los despachos, abría todos los cajones en busca del mensaje de mi Odisea de Éter. Como si estuviera en una guerra. Y no tenía ningún pudor a que me echaran de allí o a que me vieran, porque yo me sentía la vengadora y enderecedora de agravios y de entuertos. Al contrario, disfrutaba cuando se daba lugar el choque. Porque era cuando yo seguía evolucionando. Como si viviera entre pruebas y tuviera que abrir puertas cada vez más díficiles. Y cuánto más valor le ponía, más cerca estaba de volver a mi casa como ET. Tuve mucha suerte, porque estuve dos meses enervantemente loca sin que me detuvieran. Aunque al final sí acabé detenida porque me metí en un escenario navideño donde iba a haber no sé qué actuación y empecé a hacer un discurso en el Palacio de Gaudí, sobre un escenario.. a la multitud, contra el capitalismo, creo que era un 30 de enero. Un tipo intentó quitarme el micrófono y el micrófono salió volando por los aires. Para mí era una danza, sonaba música por los altavoces y yo sentía un profundo orgasmo cósmico. Incluso me puse a bailar mientras amenazaba a ese tipo con partirle el micrófono en la cabeza. Pero era un juego para mí.  Entró un hombre, con el pelo largo.. vestido de vagabundo y de medieval del mercado que había por allí, y me dio un beso en la boca en medio de todo el jaleo, yo creí que era una de mis criaturas amadas de mi planeta y mi casa. Entonces le ofrecí mi cuaderno, donde tenía escritas esas cosas que me dictaba vete a saber qué, porque yo sentía que algo movía mi mano y mi boligrafo para escribir esos mensajes.  Luego vino un furgón de la policía y cinco maderos. Algún medio de comunicación nos estaba grabando. Ellos me metieron detrás del furgón para que nadie me viera, nos pegamos un rato,, más bien me pegaron ellos a mí y me exposaron. Luego me llevaron a comisaría. Y ahí sí que empecé a pensar que todos eran actores. Y que aquél que yo amaba, Arturo, ya vendría para que yo volviera a mi casa y a mi planeta y nunca jamás vivir en esa realidad del capitalismo. Yo pensaba que justo desde la celda el vendría y se acabaría todo el rollo. Pero me empecé a impacientar porque él no venía.  Así que empecé a dar golpes muy fuertes a la puerta y a insultar a los maderos. Y entraron. Me golpearon y yo les golpeé como pude porque estaba esposada a la espalda. Pensé entonces que todavía quedaba otra prueba, y que esos policías eran actores y que yo tenía que mostrarme belicosa y valiente contra ellos para volver a casa. Y eso fue peor. Luego me inmovilizaron, un policía puso su rodilla en mi cuello. Y luego no sé qué paso, me metieron otra vez en el coche. Y yo me puse feliz. Pensé que ya me iba hacia mi casa de verdad. Sentía una inmensa emoción y felicidad de encontrarme por fin con Arturo en el paraiso. Y se me pasó la violencia contra los maderos porque seguía creyendo que eran actores. Y les dije que pusieran un poco de música en el casette. Pero cuando se metieron al hospital. Entonces sí que me enloquecí. No recuerdo mucho de eso. Se que estaba completamente desnuda con una camisa de fuerza. Y con las piernas atadas. Sé que luego tuve un ataque de filantropía cuando estaba allí en urgencias con la psiquiatra y los que habían por allí.. y era como una niña completamente inofensiva y buena y me desataron. Y me llevaron en una silla de ruedas, porque tenía muchas drogas psiquiátricas como para tenerme en pie a la planta de los locos, un celador que quise mucho durante ese pequeño recorrido... Yo creo que yo no sabía dónde iba. Y cuando entré en "la sexta" como la llamábamos.. y recordé que había estado allí. Me levanté de la silla y les tiré todo lo que tenían en el mostrador y me puse violenta y se despertó otra vez el animal. Aunque eso yo no lo recuerdo del todo. Eso me lo dijo un enfermero unos días después. Luego estuve en una habitación de aislamiento vete a saber cuántos días. Estaba atada, recuerdo que me movía tan incesantemente que movía la cama de ruedas por todo el cuarto. Recuerdo que me dijeron que me iban a poner un pañal y les dije que se lo metieran por el culo. Y ella me dijo "peor para ti". Y les dije que les pensaba mear la cama.. Recuerdo que después de estar horas luchando contra esos muros, me entró el sueño y me molestaban las correas en las manos para dormir y me las quité. Y una enfermera entró y me las volvió a atar. Y me las volví a quitar. Y me las volvió a poner y apretó tan fuerte que ya no pude quitármelas. Dijo "qué guerrera es". Con desprecio. Recibí mucho desprecio de esa gente. Me traían la comida dos guardias de seguridad. Yo había perdido toda noción del tiempo. Cuando me dejaron salir de la habitación de aislamiento, juré venganza a los de la bata blanca y absoluto filantropismo a los compañeros.  Hicimos motines.Y fue una experiencia fascinante y a veces dolorosa, a veces reímos hasta mearnos los pijamas de rayas. Pero eso sería muy largo para escribir.

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