HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Anoche estaban tan frías las sábanas que parecía que estaban mojadas. Kavka se durmió sobre mis pies. Yo me dormí enseguida. Oí unos ruidos, como unos chillidos, como una flor que se evapora, como un trombón de apocalipsis, pero me anestesié con los inquilinos de mi pecho, desflorándote plantas mágicas y prohibidas. Y dormí de un tirón, hasta las 8 y un poco de la mañana. El perrito ladraba y me lamía. Hice café. La noche fue desapareciendo. Tu nombre fue desapareciendo. Y en el medio de la nada.. aún quería tinta la copa de los pinos.

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