HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Anochece. Todo está silencioso. Todo se va. Creo que a él le amo. Pienso a veces en él, como si una lengua primitiva mezclara el grito y la boca de la selva, el éxtasis, la belleza más salvaje, la que no se casa con nadie. Cuando pienso en él, algo mágico transforma la soledad del paso y el barro de las botas... la hoguera del horizonte. Pero ya venimos de mil naufragios y derroche de estrellas y de whisky. Y el canto del amor, obliga al desapego, al respeto sagrado y animal. A la anarquía. Es raro, pero amar ahora me es, no hacerlo, mantener la distancia del lobo, mantener su mirada. Amar, es no querer tener lo amado... no meter allí la política de la semántica del amor, ni el territorio, ni el mío ni el tuyo, ni el nuestro...  Desde que lo conozco siento una profunda fascinación por su alma y por su poesía. Y lo siento de un modo sacro y profano.

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