HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

los ladridos de los perros
tu final espantado de aquí
broche de herida coagulada donde nunca más amor, ni el vino,  ni esos empujones para apurar ese película mala, en la puerta trasera cuando morías de ser
había que creer en algo, pero elegimos muy mal
hoy eres una casa volada por carcoma
apuñalando en viejas fotos el ácido que te jodió las capacidad cognitivas y dijeste que daba igual, que para qué, que si seguía siendo una obsesión cerrar el buzón en la medianoche o si era yo el crucifijo enfermo que quedó temblando en la mesa

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