HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

el crucigrama de tu gota de sangre
en mi papel arruga del pulso con el tiempo
bajando por tus barracones
para robarle a la muerte la caligrafia de tu espanto
y mancharme con ella hasta que no queda nadie al abrir la puerta y tirar la pared

mezclarme con tu humo verde
como sabandija y madre
de tus desconsuelos, porque también ellos fueron mi casa
cuando ninguno de los dos queríamos salvar nada

y cada noche que pasó desde aquella noche
tragaste literatura en mi vaso de vino y de mugre
y te abarqué con la dialéctica de los versos tachados
para aseverarte donde la luna nunca estuvo encima

y los almanaques negaron con dinamita
lo que tú dejaste en mi cama
una y otra vez, mientras la tierra se alejaba
cuando ya no quedaba ningún pronombre que plegara el insomnio
ni diera reposo al grito, ni desagüe a la sangre

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