HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

es el imaginario
de algo que ocurrió pasado mañana
cuando te apeabas del tren
y la estación se volvía tu sombrero
y yo metía el billete por la ranura de tu espanto
y perdíamos el diccionario y el norte

con tu saliva en mis pezones
cuando la helada golpeaba la escayola

y se nos moría una madre en el fondo del lago

y éramos la balanza del exilio
sacando agua del leteo
ciabogando lo incorrecto en un nuevo accidente

tan solos
solos mil vueltas alrededor del sol
y tan pegajosamente pegados

con el olor de tu libro del otoño
entre mis uñas
empapándome de perros la ausencia

1 comentario:

  1. ¡Qué mejor sitio para la saliva que unos pezones, incluso las babas en el sortilegio de las medusas!

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