HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

detrás del telón
el talón de aquiles
que pagó el peso del suelo
sujetando el alarido de la ingravidez
cuando estallaste los ojos, en el beso de etanol que dio la noche cuando no te quiso jamás en sus casas

y acá
es el tomate amamantando a los leones
con las hojas verdes de un sol viudo
caducándome de tu sortilegio
como cuchilla
como preñez de la nada
cuando vuelven los cisnes y recogen tus escombros

y soy por ella
esa mujer que lavó mis heridas
cuando llena de nieve no podía hablar
y es ella y no yo la que siguió viviendo en las mudanzas de tu quebranto

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