HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

al despecho
de las astillas de tu cama
en mis manos sucias
matronas de la suciedad de tu casa

barrí
lo único que tenía para salir de aquí

tus labios
cegaron en esa piedra quemada con los mecheros
la calada del fin

y yo seguí
ciega de las ruinas
la doblez de tu verbo
cuando las ruedas de la noche resbalaban la autopista que rompió en tu alma
la quimera de mi fe

y después
desnutrida de la luz
traté de robarte en vano
lo que el tiempo cortaba en la manilla que esa puerta
yació en el fonde de tu alma
cambiando las habitaciones del cuchillo que las separaba en esa pared
que derribó entre nosotros
la última mueca de la rosa

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