HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

no hay nadie después ni mientras te dice la palabra lo que la palabra mató en tu página vacía
no hay quién, cuando cada mañana, tomas ese autobús de ciudades muertas, y lleno de espanto, sujetas los ojos en un cristal que sostiene mi suicidio en tu muñeco de nieve
como flor espinada
como desierto que se levanta contra la arena
sacude la alucinación
ata tus labios a mi aguja de coser
nos golpea de caduca luz amotinada
contra las costumbres, contra la cultura
y ciega las persianas que reescriben la voz de los muertos, en la herida de tu brazo
y es el pan de cada día
y sus catorce gusanos
la moneda envenenada que se cobró la miseria
y te usó puta y proxeneta de lo que no dijo el sol

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