HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

es un momento atávico de la ameba incendiada en un camino roto de la tiza que tu pared grabó en mi moratoria
es el caer y subir
descuartizarlo todo
para volver a salvarlo en la armónica de nieve
perder y seguir
amar y agujerearse del rencor de los rayos en la salvia explosiva
con una mano llena de ceniza
y en la otra tu espionaje escribiéndome estorninos donde el cielo da una vuelta de campana
ir de la profunda desesperación al beso de los ciervos
del peso de la huella desvencijada, al canto de las islas, con las señas del infinito a veces extraviadas entre esos papeles donde te mataste

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