HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

sobrevolar ese exilio con el cieno chapoteando el cruce de caminos de las aves en los rasguños de la pobreza
con un hueco interrogante de escritorios carcomidos cuando tu sudor resbala el cielo que huye
y bajan carreteras de fuego en tus suspiros
y prenso, en el agujero del cielo la ensalivación de nuestra huida, tomada de tu cuerpo como se sangra más abajo del inicio de la palabra el galopar de los idos, porque abandoné mi memoria en tus labios cuando borracho dormías el sueño de los descatalogados cimentando de nube el nombre de la zorra elegía que nos arrancó el corazón demasiado tarde para devolverle a la tierra el parasitismo de la palabra y el cuchillo, pegada a tu voz, como mi vida saltaba del noveno y rebotaba en tu LSD hasta sacarnos por los ojos el humus de la rosa

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