HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

fuimos el chivo expiatorio de la soledad ajena
en mortuorios de papel de calco quitando las bragas de la noche
y alargando tu línea de descendencia entre los clavos y martillos del trueno y de la página vacía
fuimos el jabón de manos de un asesino en los baños de una cafetería donde tu nombre escrito en la puerta mataba todas las nostalgias
la lascivia de él, aporreando una máquina de escribir
tomadas como desecho de miseria alquilada para pagar un billete
pedrada y hoz, de un engaño que nos usó como cuerpo y moneda

no conservo del amor
un juguete de aire
con el que rodar las peonzas de los limoneros
ni un beso intacto cuando va a venir la nieve
o la certeza de que ha sido verdad
y valió la vida y la muerte

ni una sola flor en mi buzón
ni una carta que me tatuara sonrisa eterna
ni la necesidad de la locura

ninguno que no fuera impostor
tratando de reisentarse en la primera persona

ni uno que tuviera balas y rosas en chubasqueros de alcohol
y que nos quisiera, más que a la muerte

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