HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

ya no me duele a mí
no ha sido en mí desde hace varios meses
su pasado se fue con los proxenetas
a verter la leche materna en espejos de manos
donde los murciélagos eran los últimos románticos meando en tu sepultura

y yo era esa aguja sin hilo
atravesando con la calima
el territorio de tu ausencia

en mi piel, en la nada, qué importa
si comerán las bestias los huesos que inútiles abandonamos en el camino

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