HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

te acorralé
en el canto ahorcado de esos pájaros en el alba
donde subía las persianas
mientras cargaba sobre tu deuda la luz de la amapola
y nos acuclillaba de la carne cruda de un día que no sería el nuestro
te desposé con todo lo perdido
porque mi palabra dejó de sostenerte
mientras mi pecho secuestraba en tu cuerpo mi futuro
te usé y te gasté, puta tercera botella de vino
cada noche sin suelo, en el delirio de mi ausencia
te lloré, como a un hermano muerto cuando los campos de cultivo matan de hambre
y nunca, te llegó, de mi voz, una tumba, para detener esto

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