HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

tiro desde el camino más largo
al precipicio donde estalla tu polilla
perdemos la vez y el asiento
con un muñeco de vudú llorando caramelo en las manos
y las nubes pinchan rosas en tu asiento trasero
traslúcido del camino que no acabaríamos
al pico y a la pala de canciones de humo rodando por cascajos por los que no saltaba la piedra
y entre tu sexo, los maniquíes se llenaron de guantes y sombreros y tickets con el precio, y yo sólo pujaba vino y decepciones
guijarro de ceniza sembrando en tu felpudo la ética de margarita
deshojada en los burdeles por audiencias de sordos con palco y tribuna, cuando sumábamos y nos daba materia negativa y la sombra se dedicaba a ayudar a los topos a levantar tierra para ver si alguien de una puta vez acaba ese libro
pero y sin prisa, no te gastes por llegar que acá nada llega
acá, todos estamos de vuelta de algo que ni siquiera empezó
y nos reímos con los espejos de franquestein dibujando corazones en el vaho de la cicuta, y el gruñido hace onomatopeya con la doctrina y se mueren las universidades en las heces tan cotizadas de las gallinas e incubamos un huevo dentro del r18 y nos sale por peteneras

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