HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

golpea en tu puerta
la ruina de mi ventana, anidando sombras que destiñen del tren por el que te fuiste
cotizan mi deshacienda
planes de carnaval, pasos de cebra, pomelo y cuchillo
desfigurando en tus monedas, el viaje sólo de ida, de mi muerte a tu sexo
y pagando con lo que falta, el suicidio del marinero

salimos del manicomio mucho peor de lo que entramos
y los muros estaban fuera
los arrastramos babas de Leteo, venta ambulante de postillas y martillos
al alud de un desencuentro que nos volvía a la ruleta rusa que acababa siempre en tu alma
la bala no era mía
yo no planché el traje de madera
ni desenrosqué las bombillas fundidas
yo no esperé a que algo saliera mejor

y el respecto, era una sequía en un sujeto que ya no sabía si era una grieta, o la lascivia de un pronombre

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