HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

acá
se abren los saucos
bajo tus montones de objetos rotos
trapo de tejo, ala de libélula cuestionándote lo que no tienes

soliloquio que callará lo que mataste en mis labios
y se irá sin decir palabra
queimada de peyote en la hartura de sombra

e hicimos un barco juntando cicatrices
pero en tu luto jamás entraron mis ojos
porque dolíamos por separado el horizonte que sangraba
ni fieles al espanto ni a los narcisos
nos unía el incendio de la fe, y nunca su canción

y esas otras cosas que se llevó el desagüe
a punto de salvar al piano del derrumbamiento
engañados por el óxido del delirio del pintor en nuestra casa vieja

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