HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Cantos de rana, donde tus álbunes de cromos, señalan un abisal destino que los dos tratamos de ocultar y que nos atravesó con fuego aquella tarde, cuando los hórreos abandonados drenaban los alaridos del lobo asesinado por un cobarde con fusil.
Lo oimos. Ya lo oímos a los 4 años, con aquellas pesadillas. Venía en las líneas de la mano como azote de amanecer suicida. Venía en la placenta en la que nos formamos, como broma macabra de lo desconocido.
Y caminamos negándolo, luchando contra ello, haciendo elefantes en la arena, pompas de whisky en las noches de bala y espejo roto. Escribiéndole cartas a la galerna y esculpiendo salvavidas con ácido y hachís, para engañarla.
Pero su verdad siempre nos perseguirá mucho más rápido y vehemente. Y señalará el camino, y nos desnudará contra artificios y cuentos. Y dormiremos a su lado, el último sueño.

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