HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Creo que tengo una herida de la arista de la palabra en el secano. Algo que me mantiene, cangrejo ermitaño, cerrada con cuchillas. Alguna vez creí en las personas, con delirio, cuando veía un vagabundo quería que me contara lo que había visto en su caminar y me pegaba a su lado, como botella de vino y le daba todas las monedas que tenía en el bolsillo si es que tenía y sino estaba la música. Cuando veía a un punk, cuando iba a manifestaciones y cortes de carretera, amaba a todos los que estaban allí y los idealizaba.. cuando veía a una india americana, a los vendedores de las ferias de artesanía, cuando veía a un arabe quería saber sobre su verdadera cultura., cuando veía a un tipo a una mujer diferente.. que andaban libres, o tenían una guitarra, o eran pescadores, o ancianos que acariciaban un gato o me hablaban de los manzanos y de los tomates,   o escuchaba una conversación que me latía en el espíritu, iba corriendo a abrir el corazón con los desconocidos ansiosa por oir latir el suyo. Traía a gente a comer y dormir a casa. Me metía en aventuras y cientos de lios.
Pero luego cambié.  Fue el frío el que me hizo cambiar. Fue el hachazo. Fue la decepción. Fue la soledad en el río del olvido. Fue aquella historia que no conté a nadie.

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