HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Cuando era niña, había un niño, que tenía 4 años menos que yo, se llamaba Carlos, su padre era amigo del mío. Y yo me sentía su protectora. Fue de los pocos niños que me causaron un espíritu maternalista. Era un niño muy diferente, tenía una especie de autismo y avalancha, era incomprendido, era a veces salvaje, y era maltratado en la escuela. Yo quería mucho a su padre, pero su madre era una neurótica. Yo tendría 11 o 12 años. Y le daba consejos para defenderse, contra los otros niños y contra su madre. Yo lo adoraba. Es el único niño que yo sepa que lloró a mares en Hook cuando mataron al Capitán Garfio.

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