HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Debería darme igual. Habito ese crisantemo sumergido en la nieve.  Y sin embargo me entra el celo de la rosa de jericó y de la pólvora. Aunque eso acaba en la metafísica. Y la metafísica en lo mundano y en el vino. Y todo en las carcajas del carnaval.
Y sin embargo me afecto, como si fuera un cristo de madera, del rasguño de tu lágrima en los pozos de la tierra. Y uso un abstracto exterior, como el motivo de mis pesadillas. Y culpo a algo que no es mío. Y eso me hace una impostora. Me separa de mí. Me separa del latido de las estrellas.
Porque responsabilizo al objeto, en lugar de liberar el calambre. 
Por eso a veces estoy llena de rabia y a punto de arder y de hacer daño a la atmósfera de etanol y en el fondo todo es un juego. Da igual el lugar y el tiempo que me toque. Da igual las circunstancias. Da igual los muertos que dan martillazos a la pared. Soy yo la única que puede liberar al cuervo de mi presidio, porque yo lo encerré, yo lo duelo. 
Por eso ayer estaba llena de tormento. Porque estaba en guerra. Armé mucho jaleo en la casa, peleé con mi hermano, peleé con todo lo que yacía como flores de papel entre gusanos. Yo era la que sacaba los gusanos... envenenados de rabia cósmica.

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