HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Dentro de un poco iré con el perro a los prados... hay niebla, llovizna, y nieve congelada... hay esa sensación de mudar de pasado en los huevos de la serpiente. Golpear una puerta y hacer astillas con la fe para calentar a las crisálidas. Al deshielo de una metafísica jodida y anémica de las partes iguales de la amorfosidad en el agujero. Son momentos de desesperación y de trapecismo. Vivo en una burbuja, espejo y goma de borrar, un universo paralelo a tu lágrima de cuarcita, a tu paso de anguila y bote salvavivas quemado. Vivo en el fuera de campo del dictado de mi yo. Nada importa, porque nada se queda. Esto es un juego de mendigos y reyes degollados. Un vals macabro y festivo de arrugas de nieve en tu cuchilla de afeitar. Da igual que escriba poesía o que busque la raíz del chopo en tu encefalograma plano. Da igual que me quede mirando el horizonte sin ver nada más que mi propia mirada ausente o que me disfrace de un sentido y de una ocupación para matar álbunes de cromos en el ocaso. Da igual que me empioje con perros o con vecinos, con tijeras y pegamento o enana blanca y tango. Da igual una cosa que la otra, porque todo es del fuego.
Ya nada me es importante, porque detrás de lo sido, sólo hay pis de bruja y un juego de naipes de ayahuaska.

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