HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Dentro de un rato, saldré con el perro. Hoy estoy algo inquieta, por el poema, por el pecho de algas silenciando tu sombra. Por el recuerdo de ese amor donde ya no choca el poema con ninguna tumba, ni ha sido entre los brazos, lo asible de una gota de mar.  Aunque se va. Translitera el rubor de la aurora boreal y de las puntas, explota en la abstracción de una belleza invicta y desolada. Y no sabe mi nombre ni puede conmoverme con un sentimiento que permanecer en el horizonte. Es como una música de fondo cuando se avanza y no se puede volver. Ha sido muchas canciones. Ha sido muchos huesos clavando lienzos en la pared y en el olvido. La abstracción ya lo ha poseido. La literatura lo ha metabolizado en un disparo de hachís bajo el fruto de la noche. Ya no es llanto, es el soliloquio del sol sobre la escarcha. O la voz de todo lo que no habla cuando pienso en otra cosa, cuando ebria soy empujada a un verbo de fuego o de vacío. Es aquél pigmento de hollín que esculpe cuando yo no estoy la vehemencia de las zarzamoras.

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