HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Echo de menos la noción de la amistad de mi niñez. Creo que entonces, aunque tuviera ciertas rarezas, no tenía sentimientos de disociación. Creo que no era tanto por mí. Era porque todos los niños reciben la información de la otredad y de la realidad, de forma salvaje y pagana. No hay prejuicios. Todos éramos abrasivamente diferentes e iguales. Todo era aceptado del otro. Podía haber pelea. Pero todo era un rizoma y ley de la selva. Yo no tenía amigos íntimos. A mi me gustaba saltar de seta en seta. Y todo lo nuevo que pensaba y que sentía lo exponía, y era aceptado por los niños. Sin moralismos. Daba igual si nació de una fantasía o de un grito o de la perversidad o de la amapola.
Son los adultos los que lo joden. Son esos padres que no dejan a los niños solos crecer con los niños. Los que interponen sus prejuicios, sus conocimientos de su puta prisión, su pánico, su desgracia y miseria. Los que quieren hacer a sus hijos a su imagen y semejanza mejorando algo en el clonado.
Es la tristeza de los niños tomando como referentes morales a sus padres, en lugar de a los perros y a los otros niños. 
Recuerdo que mi madre también trató de imponerme sus prejuicios cuando yo era niña. Yo tenía una amiga que tenía dos padres alcohólicos y yo iba con ella y con sus padres al bar, los padres se ponían ciegos de whisky y mi amiga y yo de helados. Tendría 6 años. Mi madre me dijo que no quería que yo fuera con los padres de mi amiga al bar ni montara en su coche, que fuera mi amiga la que viniera a verme. Y yo no la hice ni puto caso y me enfadé, le dije que ella era mi amiga y que eso era cosa nuestra. Yo no entendía eso. Además yo quería mucho a los padres de mi amiga, eran verdaderos, locos, decadentes pero verdaderos, y gente muy buena, mucho mejor que la mayor parte de los otros adultos asquerosos del pueblo. 
Son los adultos los que hacen daño a la vida. Los que levantan la máscara y la hipocresía, los que censuran y clasifican. Los que aparentan y pretenden, los que codician, los que han prostituido a su corazón niño. Los que llaman enfermos mentales y locos, a los que jamás lo hicieron.

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