HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Echo de menos a mi infancia. Hoy la recordé en los prados a los que fui. Es una pradera al lado del río... que llega hasta el siguiente pueblo. Allí iba con el Thor negro, y con el Thor husky. Recuerdo que con el primer perro, teníamos un boomerang.... y unas cometas, e íbamos allí. Todavía sigue el chopo que tiene un inmenso hueco por dentro porque cuentan que le cayó un rayo. Yo me metía en él. Sentía fascinación por el agujero de ese árbol. También recuerdo que el Thor negro, perseguía unas vacas y trataba de morderles las patas, y las vacas corrían enloquecidas y lo medio tochaban. Yo me puse muy nerviosa por si le hacían daño al perro. Tendría 6 años. 
Mi infancia, es lo más parecido a lo que ahora tengo. Vivo de igual modo vagabunda del verbo, vagabunda de la supuesta certeza y territorio, antisentimental en el concepto del amor, profana y absurda. Lo que pasa que tal vez he perdido algo la protección de mi isla y la sensación de los hechizos de luna. Ahora el mundo también es hostil, también los gritos de los hambrientos desvelan el hueco de mis manos y me señalan y me culpan por mirar a otro lado, por no tomar los fusiles. Porque ahora conozco la existencia del crimen y del mal, en manos precisamente de esos que tanto deciden lo que es legal e ilegal, lo que es bueno y lo que es malo, todos esos que se llenan la boca con la palabra... democracia y paz, pero son guerra y fascismo económico, son desigualdad, y dejan morir y condenan al presidio a los refugiados y a cientos de pueblos. Y no tienen la dignidad ni de pararse un día a pensar y volarse la cabeza frente a un espejo.. por haber visto.

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