HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

El grito. El reclamo de los juegos de óleo y de salitre, derramados en un camino que se bifurcó desde el cuerpo de la mariposa.  La angustia de conocer las palabras en el derretir de tu cuchillo sobre la pupila del viento, escupiendo caballos de madera que se balancean en medio de las vías del tren. Contigo como un boquete en el poema derramado de los barracones. Jodidamente lejos. Ausentes del pronombre que sujete tu casa de muñecas desde el incendio al beso de un astro.

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