HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

El mugido de las palabras deconstruidas en ese llanto que se oyó como resonancia de todo lo perdido, cuando bajabas al valle, con ese buzón de polvo en la pechera, negándome el misterio, el cuchillo y el fin, en ese lugar donde aún llegaba el diccionario.
Yo torturaba tu belleza en la cumbre de la imposibilidad. Porque fuiste el secuestro al almanaque donde la tierra no sujetaria a la vez nuestros huesos.
Hay un aislamiento que se vuelve una fortaleza, en la multiplicación del abstracto sobre el sentimiento, coraza de sangre de algas, 20 años en la periferia del suicidio del nombre. Acorazada por la profundidad del teatro desmembrando el ácaro de polvo en esa flor de papel que arde en tus labios.
Una distancia, que en cada paso, me aleja 200 nubes de la certeza de tu ruta.
La necesidad del cargamento en ese fusil del viento.... destrozando el pacto con la letra.
Ya no sé si vino primero la herida o el verbo. 
La nostalgia extraterrestre de algo que jamás perteneció a la hechura, cuajó como lo insobornable en el asesinato de tu morada hormigonada en mi pecho.
Abrigo de hielo cuando somos la impostura de las bifurcaciones.

No hay comentarios:

Publicar un comentario