HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

El olor de la madera quemada me viaja a alguna fortaleza de la infancia cuando afuera la nieve celebraba cada suspiro y cada paso.
Hoy estoy lejos. Ficcionada por los besos de los mirlos y la caliza. Por la separación utópico del trazo, en tus labios, en tus vasos de vino, aseverando un marzo que arde en las naves que arden y nos vuelven desnudas al interior del cierzo.
Cuando persigues las huellas de la nutria. Cuando la playa es un papel vacío atravesando en tu nostalgia la belleza invicta de los desposeidos. A tu lado, como una ausencia de paloma mensajera cruzando la helada negra, robándote el verbo que tu canto desposa en mi exilio.

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