HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

El otro día me encontré a ese anciano loquito que caminaba piando. Y grité su nombre y lo croé en el amor de los desaparecidos. Y le abracé y le di dos besos. Y él no tenía ni puta idea de quién era yo...pero me abrazó muy apretado y de verdad, como dos osos. Y me contó historias surrealistas. Y seguimos luego cada cuál el camino del absurdo.  Sin tener ni puta idea quién era cada uno, ni de dónde venimos, ni a dónde vamos. Pero piando.

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