HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

El perro lleva durmiendo desde que llegué.  Corrió y se zafarranchó hasta la fatiga. Dentro de un poco se levantará otra vez lleno de vehemencia y nos iremos al campo. Mi vida ahora es muy simple, salir con el perro a la intemperie, escribir buscando el humo de Kafka y la carcoma de su escritorio. Tomar unas cervezas al atardecer. Atormentarme y revivirme en la infidelidad del abstracto. Estar sola a veces como una oruga en la nieve. A veces en paz como las formas de las nubes en las zarpas de las águilas.  No tener nunca ni idea del para qué, ni del mañana. Y tener un grito mutante en el pasado. Ya nunca camino con prisa. Ya nunca voy a ningún sitio. A veces rezo como la soga de un suicida. A veces me hago el ateismo de la caliza. De aquí para allá, sin obra, sin amor, ni oficio, ni nada qué ver con la sociedad. Cantos de fantoche y de tequila. Nostalgias que ya son 100 toneladas de piedras encima de una sepultura. Y a veces la alegría de las salamandras y la tundra.

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