HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

El silencio. La quietud y tu embargo sumergido en todas esas palabra tachadas cuando detrás de tu ventana hervían noches del delirio que trataban de secuestrar en tu pecho la gavedad del suelo desangrado en mi casa, manipulando el espacio robado por la solidificación del grito en tus vocablos, chorreando metales donde esa sangre en mi espalda apuñalaba tu beso. Nos cegaba otra vez del aurora, mientras esas botellas de whisky tocaban el piano con tus huesos y mi horfanato se llenaba de ti hasta el crimen de mi soledad acorralada.

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