HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

El silencio... la herida de los pájaros en mi regazo helado de perderte cuando la tormenta evoca el hueco que nos sostiene.
Sedienta de algo que cruje la fragua de almanaques desgraciados en tus besos de sangre, detrás del espejo, cuando latimos la deshacienda que destruye todos los pronombres.
No hay reposo. Me anestesio de crisálidas de fuego, mientras los arpones hunden mis sentimientos muy lejos de la tierra.
La arena insistió en aletargar tus segundos en la carretera, con esos neumáticos de nitroglicerina, todo lleno de manchas de carbón y de suicidio, con un dinosaurio tragándote margaritas en el cráneo.. y mi pobreza recogiendo los escombros, frotando en las paredes blues de tiza y de cigüeña desnutrida cuando en tu cama, suenan las sirenas de la policía y empieza a perfumar el azufre las cuevas de tu nostalgia manipulada en la mía, como cuchillo de estrella.

No hay comentarios:

Publicar un comentario