HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Encuentro un cuaderno... que escribía en la habitación 379. En la que el abuelo murió.
"Lo que pretendía con el cuaderno tampoco lo sé cumplir, estoy en otro lugar, acechante de una palabra que se aleja y sola de los otros destinos... quiero ir a ver la nieve, me da esperanza, todo lo otro es silencioso y distante, se humedece en mi interior el cuerpo traicionado de tu profano réquiem. Ya nada nos une, por eso me es fácil nombrarte.
El abuelo pronto morirá. Pero todavía no puedo comprenderlo. Estoy obstinada por la cocina de leña y las liebres. La rareza espía los glaciares que retumbaron en las paredes de tu exilio.
 (..)
el amor!!!
truhán desbandado que comió tus ojos
yo sólo era la pequeñez
amotinada
extravagante
del diástole que quemó tus muebles
dolida del suicidio de tu patria en mis cunetas
sembré en tu lágrima la creación del humo
hoy estoy sola y lo recuerdo como se rompe un piano 
me venzo en tu piel y recojo la carretera en la pasión del óxido
negación de tu olvido
dormidera que mintió en tu cuerpo las baratijas que siempre me faltaron
(...)


Las últimas notas son del 31 de Marzo, cuando se acabó el cuaderno. El abuelo murió el 4 de abril.

El abuelo duerme. El abuelo ahora siempre está ausente. Estamos esperando a que el abuelo se muera para regresar a la vida, aunque no será menos rara de lo que es ahora. Todo espera, junto a nosotros, tal vez también junto al abuelo y él espera, sobre humo y místicas de ocaso sonámbulo. El abuelo tarda demasiado en morirse, tal vez él también lo sepa. Está ya rodeado de éter y de sueños de colibrí, y ausente de todo lo palpable, quién sabe para qué no será él ausencia o qué espejo que nos niegue a todos. Todos estamos ansiosos y descolocados, como un velorio de sidra y mazapán. Aburridos y cansados. Esperando. Esperando a que el abuelo se muera. Es raro. Cuando sólo la muerte preña el camino. Luego seguirá la deriva y el absurdo. Y estaremos también poseidos de sombra de tulipán. El abuelo no tiene prisa. No sé qué palabras usa la muerte. Yo me siento aquí matrona de una ebria indecisión paisajística, caña de azúcar y cerilla.
(...)
El abuelo nos retiene también junto a su inexistencia. Un raro tránsito lento y muy largo de despedida. Una formación oblicua de mariposas y horfandad que tomo y respaldo y con lo que todavía puedo amar. "no estaremos viejos, sino cansados de vivir".
(...)
Sólo me queda éste cachito de cuaderno que termina el 31 de marzo del 16. Buscando lo mismo que buscaba hace 15 años y teniendo y no teniendo lo mismo. Aunque ahora ya no soy una suicida.

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