HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Esa letanía me amamanta cuando tu voz en la nieve, cromatiza los árboles peremnes en el suspiro del cuchillo. Cuando el todo y la nada, abre sus puertas en el pico de los cuervos, y el vino y tu cocina de leña, me atan, a una memoria versátil y cubista que acecha sólo al olvido.
No pude dejarlo atrás, pero tampoco camina a mi lado. Boicotean las luces, paredones que pelean en tu cuaderno la propiedad del humo de tu primera persona. Todas las distancias habitan entre nuestras manos cuando sujetamos la misma pared, borrachos, vencidos del futuro, con la esquela de nuestra historia imposible flotando en un charco que te llevará muy lejos de mi tumba.

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