HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Esa música ocre del silencio, de la expiación de las lágrimas de aluminio entre mecheros galopando en tus orillas la mordedura de la tarde, cuando apelotonados por el grito, esperamos sentados en la hierba a que el frio termine las palabras.
No sé qué perdición de cuadernos borradas con la mirada fija en el olvido, disolviendo tus pasos cuando en cuarentena el canto madura tu veneno.

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