HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Esa tristeza que empaña los balcones.... descuerda el retumbar de esa tumba y lo cose, como una jauría a la cicatriz de la voz, anegando el espanto de los tulipanes en tu deseo de morir. No sé qué coño ha callado, como un suicidio.... desde tu belleza, al éxodo en el que me empapo para haberme ido del verso que coaguló el vino con tus difuntos.
Estoy lejos. En un lugar sin aparente salida. Vienen a romperse las historias en mis ojos, sostengo tu aliento congelado donde los tilos quieren morir.... y en mis despensarios, pecios de óleo, remueven tu soledad como una criminología de polvo sobre olvido que no cuaja ninguna necesidad ni territorio en mi sombra.

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