HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Ese grito de luceros debajo del insomnio, rasgándote el fruto que encistaste en mi página en blanco y mi vagina amordazó en tu vaso de coñac desde tu lengua.
Cuando sólo éramos animales, recien nacidos de la luna llena, y ese escalofrío recorría a fuego, el futuro asesinado a nuestras espaldas.
Pisoteando desde los clavos de la cruz la incertidumbre del camino que se ahogaba sobre tus piernas drenando de mi alma el alarido.

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