HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Eso a veces todavía duele. Porque no hay cicatrización. Es la retroalimentación de los pájaros y de las ratas.
Es haber deseado con todos los mundos, el aullido de un crisantemo y haber sido secuestrada contra su sangre y su sonido, en un agujero del cielo. 
Y la comprensión, sólo es un hachazo contra el sentimiento. Un insaciable hachazo que te escupe borracha al callejón y te baña entre jeringas y calaveras. No es ni en el bien ni en el mal, no es el poema, ni la tierra removida, ni la obra ni la antiobra. No es algo que explique el diccionario, ni el dadá, ni el fuego. Es tan sencillo como un niño que corre a los brazos de un sueño, y vuelve con su sangre reseca en el grito, moratones y pis y heces de perro encima. Y entonces odia aquello que amaba, pero sabe que en el fondo de sí, sigue intacto el amor. Y ese amor es un veneno. Es un veneno que no recogen los desagües ni las tumbas, ni se muta en el amor ni el faro. Porque no tiene brazos ni lengua. Porque no tiene fe. Porque ha sido apuñalado de muerte..  Pero la verdad y el universo que abrió en canal, cuando amó, sigue en algún lugar como una maldición. Y es y será siempre el exilio.

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