HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Esos besos rotos, drenan de tus postales sepias, los andenes sentados en mi escritorio, claviculando el tren del adiós, al broche del barracón en el tequila, mordiendo en tu cuello, los mundos desaparecidos que hoy hablan de mi país, entre el etanol y las flores de acuarela rompiendo tu escayola.
No me mentiste a mí. Mentiste a tu final. Mentiste a la pobreza en tus manos sacando agua del río para secar mis narcisos cuando la helada separó las orillas.
No me hiciste daño a mí. Nunca necesitamos ninguna clase de perdón. Hiciste daño a aquella taberna verde cargando los bolígrafos de la comunista esquela de la sangre de la rosa.
Yo como tú, era la alucinatoria de una obra de teatro. Mi corazón era un circo sangriento, lleno de mendigas y de ladronas, de anguilas y de navajas, de niñas que jamás crecieron. 
Nos separaba el poema de una muerte. Nos unía el poema de una muerte.
La tierra nunca fue hogar para nuestro amor. Ni tu condición humana era viable para mi ansia de infinito. Ni para calzarte en mi vagina cuando la noche nos quería ver caer.

No hay comentarios:

Publicar un comentario