HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Está nevando con insistencia y magia. Todo se pone hermoso, como si hubiera una flor de viento que abriera su lengua y preñara la vida con la vida liberada. Cuando era niña, era una aventura para mí la nieve, la esperaba, rezaba para que viniera, y cuando por las noches silbaba el viento y las torvas, yo me llenaba de éxtasis imaginando que bajaban los lobos de la montaña y que todo se cubriría, no habría escuela, se cerrarían las carreteras y la nieve llegaría hasta los tejados y desaparecería el pueblo. Todavía la amo. Pero he perdido la fe en ese tipo de nevadas. Me la ha quitado el veneno del capitalismo y su contaminación contra la naturaleza.
Para mí el lobo es un animal sagrado. Desde que era niña sentía fascinación por ese animal. Mi padre me leía los motivos del lobo de Ruben Darío, desde que yo tenía 4 o 5 años. Mi padre tiene una voz muy bonita recitando, natural y grave, sin engolonamientos ni artificios ni dejes de solemnidad y mierda, es una voz vagabunda y con blues que capta el alma y la expone de forma perruna, humilde... Yo me quedaba con los ojos abiertos como espadas. Y aunque me lo sabía casi de memoria, sentía siempre la misma emoción por ese poema, al principio vértigo y fascinación, luego ternura, luego mucha pena y rabia y luego éxtasis y libertad e imaginaba el secreto del universo. Siempre iba con el libro a buscar a mi padre para que me lo leyera... en su voz, el lobo estaba más vivo y sus dientes eran más afilados  y sus motivos eran infinitos e incorruptibles.
En el pueblo de mi padre, cuando yo era niña, todavía bajaban los lobos cuando el invierno era demasiado duro. Son tierras salvajes y de hambre, pero tienen, o tenían.... mucho jabalí y liebres y ciervos.  En la casa de mi padre... teníamos un rebaño de 300 ovejas. Y había unos cinco mastines.  A veces por la noche, se oían aullidos y yo me erizaba de resplandor y euforia, de vértigo y amor y misterio y magia. El hermano de mi padre me llevó a un lugar cerca de la casa y me dijo que allí había enterrado a un mastín y a un lobo que los dos habían aparecido muertos una mañana porque se mataron el uno al otro. Y yo quería escarbar la tierra y verlos. 
Cuando vi "bailando con lobos" y mataron al lobo, sentí la mayor pena que hasta entonces había sentido, la mayor rabia e impotencia y desconsuelo y deseos de venganza. 
Cuando estaba interesada por el chamanismo y por los animales de poder sentía que mi corazón era a la mitad el de los lobos. Aparecieron varias veces en mis sueños, a veces manadas y a mí me protegían............ Recuerdo un sueño donde yo viajaba con mi madre.. por las vías del tren.. en una especia de carro, sin techo y que avanzaba como a pedales o vete a saber. Y había nieve. Todo montañas.. todo una naturaleza salvaje y hermosa..... Era un lugar parecido a un lugar cerca de aquí. Y había cientos de lobos. Yo empecé a decirle a ella, mira qué bonitos, qué fascinantes, voy a parar para verlos mejor. Y ella me rogaba que no parara, que les tenía miedo. Pero yo paré. Y un lobo clavó las mandíbulas en la cabeza de mi madre hasta matarla. En mi sueño yo separé las mandíbulas del lobo y se las quité de su cráneo. Pero ya era tarde. A mí no me hicieron nada malo.
Cuando estaba psicótica yo creí que tenía lobos dentro de mi espíritu. Y varias veces caminando por la ciudad los perros venían a ladrarme y yo me llenaba de euforia y pasaba muy pegada a ellos.. sonriente. Porque sentía que los perros podían mirar a los lobos de mi interior y eso me causaba éxtasis. Una de las dueñas de uno de esos perros, me miró desconfiada y le dijo a la persona que estaba a su lado "este perro no ladra nunca a nadie, qué extraño" Y eso me reafirmó en mis delirios de lobo. Y me sentí llena de luna llena.
También en esa época, fui a un lugar horrible de taxidermias, el museo de la caza le llaman, levantado por miserables. Y ahí afuera, tenían enjaulados, en 10 metros cuadrados a unos cuantos lobos. Torturados, despojados de su libertad y de su bosque. Expuestos para el esperpento de la humanidad. Yo fui allí exclusivamente a ver a los lobos. Buscaba un mensaje en ellos. Había uno que daba vueltas sin parar de arriba para abajo. Inquieto. Se me metió como una sinergia el sonido y el baile de ese lobo. Estaban esqueléticos, con un pinta enfermiza, como todas las criaturas que son despojadas de la libertad. Yo había llevado carne para darles. Y metí la mano por los barrotes de la jaula.. y un lobo comió de ella y le acaricié la faz..Alguien empezó a gritar que no hiciera eso que me podían morder. Fue uno de los instantes más felices de mi vida y a la vez más tristes por ver lo que estaban haciendo a la grandeza de los lobos.
También una vez de aquella... fui a un pueblo perdido, de cuatro casas y ganado. Y llevé al Jack, que era un perro mediano, inofensivo del todo. Cuando salió del coche, en dos segundos..vinieron 6 mastines ladrando y corriendo hacia nosotros. Yo fui hacia ellos para proteger a Jack, y abrí los brazos y se detuvieron y me lamieron las manos. Jack entró en el coche. Cuando estaba psicótica, lo más bello, era la relación con los animales. Era primitiva y sagrada. Sentía que los animales habitaban el mismo lugar que habitaba yo en mi locura y eran los únicos que veían lo que yo. Lo que los humanos llaman alucinación y delirio, los animales también lo veían. 
También vi, unos animales entrar en el bosque, corriendo. Eran unos animales que nunca había visto, como de otro mundo, como de cuentos del Fauno, una mezcla entre caballos, jabalíes y perros, que galopaban.  Los ví durante tres segundos, en un viaje a la montaña, cruzar la carretera y perderse en el bosque. Y los vi en otra ocasión... en la que un amigo de la casa que tenía una empresa medio de turismo y viajes de avioneta me llevó a volar por encima de un bosque.  Yo sentía que los conocía. No le hablé a nadie de ellos, como de casi nada de lo veía entonces.
Tenía un raro instinto del lugar al que debía ir. Como una odisea. Una vez iba con mi viejo en el coche.... y él me hacía caso y me llevaba por dónde yo quería ir.  Yo me guiaba por algo como sinergético. Y en una carretera perdida de esas, cayó una bola de fuego, muy despacio, como una pluma de pájaro, completamente vertical, no sé cómo sería de grande, como una rueda de camión más o menos y cuando tocó el valle se apagó y desapareció del todo. Y para mí fue lo que esperaba. No fue sorpresa. Encajaba como vino en mi mundo. Yo vivía en la magia. Mi padre empezó a decir  que eso tendría que tener una explicación lógica aunque no la pudiéramos descubrir a primera vista y que desde luego no podía ser lo que yo creía.

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