HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Estoy algo cansada. Tengo la regla y me punza en ese pentagrama taladrado en el fin de las palabras, donde el vocablo regurgita el salitre y el soliloquio de la gruta. X. ha ido a por unas cervezas, estoy deseando que llegue y beber una. Es ésta hora escurrida de un párrafo, suspensiva entre el vacío y el amor del óleo. Como si los delfines estuvieran dormidos y al otro lado del escritorio tu mirada abriera los balcones que se tiñen de huesos del sol en los embarcaderos de la inutilidad del tiempo.

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